El Extraordinario
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T1 E5.

El Hombre del Saco

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34:01 min

T1 E5.

El Hombre del Saco

Un enfermo de tuberculosis acude, desesperado, a una curandera. Ella le dice que hay un remedio milenario para curarse: beber la sangre de un niño y arrancarle sus mantecas para ponérselas sobre el pecho. El enfermo la cree y paga por el asesinato del niño para beber su sangre mezclada con azúcar. Ocurrió en el pueblo almeriense de Gádor, en 1910: un joven secuestró a un niño de 7 años, lo metió en un saco y lo llevó hasta la guarida de los asesinos. Este crimen espantoso fue el resultado de la miseria, el engaño, la ignorancia y la superstición. Fue un aviso de lo imprescindible que es la escuela y la ciencia. Y en este capítulo escucharás también a uno de los mejores antropólogos forenses del mundo: Francisco Etxeberría.

Por
  • Mar Abad
05.07.2021
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CRÍMENES. EL MUSICAL

CAPÍTULO 5:

EL HOMBRE DEL SACO (O EL CRIMEN DE GÁDOR)

    

ANDREU: Señoras y señores,

Bienvenidos a un nuevo crimen y en esta ocasión echen a correr si ven a un hombre con un saco.

Mi nombre es Andreu Quesada y hoy les llevaré a la Almería de 1910.

¡A uno de los crímenes más impactantes del siglo XX, en España y en el mundo!

La periodista Mar Abad les conducirá por la emboscada de los malhechores y por los detalles escabrosos del crimen. 

Los actores revivirán al niño asesinado y a los adultos asesinos. 

Todo lo que les contamos son datos reales de las sentencias judiciales y los periódicos de la época.

Y después de esta locura, después del descanso, llegará la sabiduría y la sensatez. Estará con nosotros un antropólogo forense de prestigio mundial.  

 

¡La ciencia contra la ignorancia y la superstición! 

¡Que empiece la función!

 

APERTURA ACTO 1: LA ENFERMEDAD       

 

MAR: Es un día de primavera de 1910.

En un pueblo de Almería llamado Gádor, un hombre tose.

 

MAR: Tose y escupe sangre. Le duele el pecho. Y le dan escalofríos.

Está enfermo de tisis.

 

COROS: Malo de tuberculosis… 

 

MAR: Los médicos no le dan solución. Ha ido ya a varios. Ha tomado no sé cuántas medicinas. Ha hecho no sé cuánto reposo. Y la tisis que le provoca estos ahogos solo va a peor.  

Este hombre se llama Francisco Ortega Rodríguez, aunque todos lo conocen como el Moruno. 

 

COROS: El Moruno… El Moruno…

 

MAR: Es un agricultor con posibles, y está dispuesto a gastar todo su dinero para curarse. ¡Para vivir! ¡Para no morir entre esputos de sangre!

 

SUSURROS: Jjjj… ¡pchú!

 

MAR: Está desesperado buscando un remedio y alguien le dice que vaya a la curandera del pueblo.

El Moruno va a la casa donde vive esta mujer: Agustina Rodríguez González.

 

COROS: Agustina la hechicera… Agustina la sacaperras…  

 

MORUNO: Me han dicho que usted puede curarme de tisis. Se lo pido por favor.

Señora, sálveme.

 

AGUSTINA: Uuuff… La tisis es mu mal asunto, y los médicos no saben curarla. 

Pero yo tengo un remedio mu antiguo que lo va a curar a usté

Pero escuche bien: hay que hacer un sacrificio. Hay que matar a un niño. Y usté se beberá su sangre caliente y humeante. Y después se cubrirá el pecho con las mantecas aún calientes del cuerpo de esa alma infantil.   

 

MORUNO: ¿Y qué tengo que pagarle?

 

AGUSTINA: Tres mil reales. ¿Eso usté lo pue pagar?

 

MORUNO: Sí. ¿Y de dónde sacaremos la sangre?

 

COROS: Sangre… sangre…

 

MAR: Agustina monta el plan. Llama a otro… curandero, que en realidad es el barbero del pueblo, y a su hijo Julio el Tonto. A este jovenzuelo le dicen así porque…

 

COROS: Tiene una deficiencia mental… Y luego dirán «subnormal»… 

 

MAR: A Julio el Tonto le prometen 50 pesetas si los ayuda a una faena, y acepta encantado porque con ese dinero, ¡se comprará una escopeta!

 

CIERRE ACTO 1: LA ENFERMEDAD

☠☠☠

 

APERTURA ACTO 2: EL CRIMEN

 

MAR: Aprieta el sol y hay una luz espléndida. 

El sonido de los pájaros, el olor de las higueras… 

Es una tarde típica mediterránea… Plácida… bella… 

En el almanaque aparece escrito en letras negras:

 

VOZ: Martes, 28 de junio de 1910.

 

MAR: Tres niños juegan en un pueblo llamado Rioja. Están cogiendo higos.

Y Julio el Tonto lo sabe porque todos los días van allí a jugar un rato. Por eso ha venido desde Gádor a este pueblecito de al lado.

A Julio el Tonto le interesa el mayor de los tres: un niño de siete años llamado Bernardo. 

 

COROS: Bernarditooo… Aaalma puuura… Aaalma cááándida… 

 

MAR: Julio el Tonto se acerca. Empieza a hablar con los niños, como si quisiera hacerse su amigo. A los dos más pequeños les da una perra chica para que se vayan de allí. Y a Bernardo le dice otra cosa:

 

EL TONTO: Tú vente conmigo, que te voy a llevar donde está tu hermano cogiendo albaricoques. Que ya viene tu madre también.

 

MAR: El niño Bernardo echa a andar con el desconocido. 

Van saliendo del pueblo y el niño empieza a inquietarse.

 

BERNARDO: Oiga, ¿dónde vamos? ¡Que mi mamá no está viniendo!

 

EL TONTO: Calla ya, niño, que voy a llevarte con tu mamá.

 

MAR: Llegan al barranco del Jalbo. No hay una sola casa ni un alma rondando por ahí. De pronto aparece un hombre. Agarra al niño por la espalda y le pone un pañuelo mojado en la nariz. Bernardo intenta soltarse de las garras del hombre, pero al momento se queda quieto.

Se ha dormido.

El pañuelo está empapado de cloroformo.

 

SUSURROS: Es un narcótico… para dormirlo… Zzzzz…

 

MAR: El hombre del pañuelo es Francisco Leona, el… curandero de pacotilla compinchado con la Agustina y el Moruno, para raptar y matar a un niño.

Julio el Tonto coge al niño y lo mete en un saco. Se lo echa al hombro y van al cortijo de San Patricio. La Agustina los espera allí. 

 

MAR: Nada más llegar echan al niño a una cama.

Julio el Tonto lo agarra como puede, con muy poca maña, y la Agustina le sube la camisa. Francisco Leona coge una faca y le hace un corte en la axila.

 

SUSURROS: ¡Zas! 

 

MAR: La Agustina pone un cubo debajo para recoger la sangre aún caliente.

El niño Bernardo se está despertando… ¡y eso es lo que quieren los muy malditos!

Saben que si el niño se mueve, si se retuerce para escapar, saldrá más sangre. 

 

COROS: Sangre… sangre…

 

MAR: Y Julio el Tonto lo sigue sujetando con fuerza para que no escape.

La Agustina va cogiendo la sangre del cubo y la echa a un vaso.

Le añade unas cucharadas de azúcar. Remueve el mejunje y se lo da al Moruno para que lo beba.

 

MORUNO: ¡Antes yo y mi salud que Dios!

 

COROS: Antes yo… que la Virgen y el santoral…

 

MAR: El Moruno bebe como un desgraciao la sangre del niño, y se relame para no desperdiciar una gota.

Lleva la mano al bolsillo y da un puñao de reales a la Agustina y otro a Francisco Leona.

A Julio el Tonto no le da nada, pero Julio… no es tan tonto como para no coscarse. Y se queda con la mosca detrás de la oreja…

 

SUSURROS: Bzzzz… bzzzz…

 

MAR: El niño Bernardo ahora está medio despierto y medio dormido. Medio vivo y medio muerto. No tiene fuerzas para moverse. Lo vuelven a meter en el saco y Julio el Tonto se lo vuelve a echar al hombro. 

La Agustina, Francisco Leona y Julio el Tonto echan a andar hacia el Barranco de José Pilar, y cuando llegan, sacan al niño del saco, y Leona coge una piedra y… 

Leona parece una fiera iracunda. Y no le basta con la piedra que tiene en las manos. Ve una más grande. Una enorme. Es una piedra que pesa 10 kilos. La coge y se la tira a la cabeza. 

El niño Bernardo ha muerto. 

 

COROS: Qué barbaridad… Descanse en paz… 

 

MAR: Y ahora los muy inmundos, con toda tranquilidad, despedazan el cuerpo del niño para hacer sus ungüentos. 

Leona saca una navaja de barbero y le hace una raja desde el pubis hasta el esternón. 

 

SUSURROS: Racarrá.

 

MAR: Le saca las vísceras… Le saca las grasas…

 

SUSURROS: Las mantecas…

 

MAR: …y las envuelve en un trapo. Y las lleva al Moruno. Y se las pone sobre el pecho, esparcidas, restregadas, porque así se curará de tisis. 

 

SUSURROS: De tuberculosis… Cof… Cof…

 

MAR: La Agustina y Julio el Tonto se han quedado en el barranco y han tirado a una zanja el cuerpo del niño, y encima de él: sus intestinos.

 

CIERRE ACTO 2: EL CRIMEN

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APERTURA ACTO 3: EL DELATOR

 

MAR: Es la noche más larga y angustiosa que se recuerda en el pueblo de Gádor. 

Son las cinco de la mañana del 29 de junio de 1910.

El día de San Pedro y San Pablo.

 

SUSURROS: A Pedro también lo martirizaron. Y lo sepultaron. 

A Pablo también lo rajaron. Pero no el sobaco, ¡el cuello!

 

MAR: La madre y el padre del niño Bernardo andan desesperados. Buscan a su hijo por todos lados. 

 

MADRE: ¡Mi hijo! ¡Alguien ha visto a mi niño! ¡Ayúdenme, por favor!

MAR: La madre de Bernardo se cruza con la Antonia, la mujer del Moruno, y le pregunta: 

 

MADRE: Antonia, ¿has visto a mi hijo, que no ha venío a dormir? No aparece por ningún lao

 

ANTONIA: Por aquí no está. ¿A qué iba a venir tu hijo por estos sitios? Vuélvete, que por aquí no hay na.

 

MAR: La madre sigue buscando y preguntando. 

Julio el Tonto está enfadao

Mascullando su cabreo, porque no le han dao el dinero. 

 

SUSURROS: Grrrr…

 

MAR: ¿Acaso lo toman por tonto? 

¿Tonto él? ¡Pues se van a enterar! 

Y allá que va a la Guardia Civil y dice que ha visto un cadáver en la balsa del Moruno.

 

COROS: Julio el Tonto ha dao el soplo…

 

SUSURROS: Fuuuuhhh… Fuuuuhhh…

 

MAR: Los agentes van a casa del Moruno y le dicen que van a sacar el agua de la balsa para ver si está ahí el niño. 

El Moruno, con to la pachorra, dice que vale y se pone a comer. Tranquilamente. Y su mujer, la Antonia, desafiante, dice a los policías:

 

ANTONIA: Buscar, sí, buscar. Que por aquí iba a venir el niño, sí… ¡Anda ya y dejadnos en paz!

 

MAR: Al vaciar la balsa aparece el cadáver. Está descuartizado.  

Lo llevan al Ayuntamiento y el pueblo entero se acerca a ver qué ha pasado. En los portales del edificio, Julio el Tonto ve al padre de Bernardo y le dice:

 

EL TONTO: Oye, Frasquito, ¿me harán argo a mí por esto? ¿Se creerán que he sido yo?

 

MAR: Y el padre, Francisco González, (Frasquito), inocente, contesta:

 

FRASQUITO: No, hombre. A ti, ¿por qué?

 

COROS: Ay, ay, ay… Que Julio el Tonto se está yendo de la lengua…  

 

MAR: Es la hora de enterrar al niño y el cementerio está repleto. 

Qué tragedia. Qué dolor.

Los del juzgado tienen sus sospechas…

 

SUSURROS: Bis… bis… bis…

 

MAR: Han puesto el ojo en Francisco Leona, y para ver su reacción, le piden que pase tres veces junto al cadáver del niño. 

Una vez. 

Otra vez. 

Y otra vez… Y esta vez grita:

 

LEONA: ¡Qué infamia han hecho con esta criatura! ¡El culpable merece que le peguen siete tiros!

 

CIERRE ACTO 3: EL DELATOR

☠☠☠

 

APERTURA ACTO 4: EL CAREO Y EL JUICIO 

 

MAR: El chivatazo de Julio el Tonto ha puesto las cosas muy fáciles. 

El juez llama a declarar al Moruno, a la Agustina y a Francisco Leona.

El Moruno lo niega todo y, según el periódico El País, se porta como una bestia.

 

PERIÓDICO: «Este aborto de la Naturaleza»…

 

PRESENTADOR: Sí, el diario El País llama así al Moruno. No le dice «detenido», ni «presunto asesino», ni «imputado», ni «investigado». Lo llama «aborto de la Naturaleza».

 

PERIÓDICO: …«es llamado a declarar. Insolente y estúpido, prorrumpe en terribles voces, con modales descompuestos e insolentes. A cada pregunta que las autoridades le hacen, cae en contradicción. Pero, infame y soberbio, perverso y miserable, todo lo niega y todo lo desmiente».

 

MAR: El País tampoco se corta cuando habla de la Agustina. La llama:

 

PERIÓDICO: «Vieja infame, cuya presencia nos recuerda a una mala hechicera de las que reseñan los cuentos fantásticos». 

 

MAR: El periódico cuenta que la Agustina lo niega. Y lo niega, y lo niega. Lo niega todo, hasta que las preguntas de las autoridades la dejan sin coartadas… y acaba admitiéndolo. 

 

COROS: ¡Yooo!… ¡Yooo!… ¡He sido yooo!… 

 

MAR: Llaman a declarar a Francisco Leona, y a este, El País lo tilda así:

 

PERIÓDICO: «El director del asesinato».

 

MAR: Después de esta declaración, llega el momento más tenso. 

Francisco Leona y la Agustina están en un careo. Frente a frente.

Arrojándose palabras como esputos.

 

SUSURROS: Careto frente a careto.

 

MAR: Leona culpa a la Agustina. Dice que ella consiguió los 3.000 reales que el Moruno había pagado por la sangre y las mantecas del niño. 

 

LEONA:  ¡Has sío tú, Agustina!

 

MAR: La Agustina se pone hecha una furia y grita:

 

AGUSTINA: ¡Qué dices! ¡Mentiroso! ¡Infame! ¡Asesino! ¡Desgraciao!

 

MAR: Leona sigue acusándola del asesinato y la Agustina…

se abalanza sobre el barbero curandero, lo agarra del tupé y lo

zarandea con todas sus fuerzas.

Leona se suelta y le da dos bofetadas.

Las autoridades los agarran como pueden y los separan.

Parece que la cosa se calma.

El careo continúa y Leona vuelve a decir que ella fue quien consiguió

el dinero. Y otra vez se enzarzan, y se lanzan el uno contra el otro, y se dan de guantazos hasta que los vuelven a separar.

 

COROS: Más que un careo… esto es boxeo… ♫

 

MAR: El juez pide otro careo. Pone a la Agustina y a Julio el Tonto frente a frente. 

 

COROS: Madre e hijo… cara a cara…

 

MAR: Y Julio el Tonto se deja de historias y paripés.

 

EL TONTO: Sí, madre, es verdad que usted y Leona cogieron el dinero del Moruno. ¿Para qué lo niega usted? Yo lo vi, que se lo dio en un pañuelo con mucha plata, y después me dijo a mí que no. Pero digan ustedes que sí. Madre, eres una embustera, que no quieres decir la verdad.

 

MAR: La Agustina se queda de piedra. No dice palabra. Hasta que de pronto… ¡arde en furia y grita!:

 

AGUSTINA: ¡Infame! ¡Eres un infame!

 

MAR: El 29 de noviembre de 1911 comienza la vista del llamado Crimen de Gádor.

Asisten el Moruno, la Agustina y Julio el Tonto. 

 

SUSURROS: ¡Pst! Falta uno, ¿no?

 

MAR: SÍ. Falta uno de los implicados. Francisco Leona no está porque ha muerto en la cárcel de una gastritis.

¡Mira por dónde! El hombre que estaba enfermo, el Moruno, sigue vivo y coleando. Y el curandero y sanador, Leona, la ha palmado. 

 

COROS: El muerto al hoyo… y el vivo al bollo…

 

MAR: Tres días después el juez dicta sentencia:

 

JUEZ: Declaramos a Francisco Ortega Rodríguez, alias el Moruno; a Julio Hernández Rodríguez, alias el Tonto; y a Agustina Rodríguez González, autores de un delito de asesinato, y los condenamos a la pena de muerte, que se ejecutará en garrote vil, de día, en sitio adecuado de la prisión donde se hallaren. 

 

MAR: Ahora llega la pena, la cárcel y la espera hasta la ejecución. 

Recurren la sentencia pero no hay escapatoria. 

El Moruno no quería morir tosiendo y escupiendo sangre. Pero no va a acabar mejor: el 4 de septiembre de 1913 le aplastan el cuello en garrote vil. 

Y la Agustina tiene el mismo trágico fin.

 

SUSURROS: ¿Y qué ha pasao con Julio el Tonto? 

 

MAR: Julio el Tonto se ha librado. Lo han indultado por imbécil, por demente… Y aunque se ha quedado sin los 10 duros que le prometieron para comprarse su escopeta, es el único que ha salido vivo de esta.

 

CIERRE ACTO 4: EL CAREO Y EL JUICIO 

☠☠☠

 

ENTREVISTA FRANCISCO ETXEBERRÍA

 

ANDREU: Por respeto a los muertos, les hemos contado el espantoso crimen del niño Bernardo en las palabras de las sentencias judiciales y la prensa de entonces.

Por respeto a los vivos, el prestigioso antropólogo forense que van a escuchar hablará en sus propias palabras.

 

MAR: Qué hilos tenebrosos teje la historia entre la realidad y la ficción. 

Durante siglos han asustado a los niños diciéndoles:

 

VOZ: ¡Que viene el Sacamantecas! ¡Que viene el hombre del saco!

 

MAR: Eran personajes folclóricos de cuentos y leyendas, pero… 

…eran también personas de verdad. Personas que raptaban a niños

metiéndolos en un saco, y que mataban a niños y a mujeres para robarles la sangre.

Quizá los restos de alguna de aquellas víctimas estén todavía enterrados en algún lugar desconocido. 

La tierra guarda muchos relatos y muchos misterios sin resolver. Aunque la antropología forense desvela muchos datos del pasado y ayuda a conocer nuestro pasado enterrado.

Pero para hablar de antropología forense es mejor dar la palabra a una de las personas que más ha contribuido al desarrollo de esta ciencia en todo el mundo. Al doctor en Medicina y especialista en Antropología y Biología Forense Francisco Etxeberría.

Él nos explica en qué consiste esta ciencia.

 

FRANCISCO: A lo que se dedica es a la identificación humana.

Particularmente cuando hablamos de muestras degradadas. 

 

MAR: La antropología forense trata de averiguar quién era ese cadáver que han encontrado, y a menudo utilizan las mismas técnicas que se usan para descubrir la identidad de una persona viva. Por ejemplo, las huellas dactilares.

 

FRANCISCO: Y si lo que tenemos es un cadáver que está completamente degradado, pues quizás ya las huellas dactilares no sirvan y haya que buscar otras herramientas que están en el contexto de esta antropología forense, que aunque esté en manos de profesionales médicos forenses, también en ella participan biólogos que han estudiado antropología física y que se aplica a restos esqueléticos, muestras degradadas, cadáveres destruidos, cuerpos incinerados, etc.. 

 

MAR: Lo más importante para descubrir la identidad de un cadáver es comparar datos. Cotejar una cosa con otra, y hay tres técnicas que se utilizan en todo el mundo:

 

FRANCISCO: Las tres técnicas que están validadas para dar por buena una identificación son la genética forense, la odontología forense y las huellas dactilares. 

Solo por huellas dactilares se puede identificar a una persona. Y de hecho, esto es la rutina habitual en cadáveres frescos de todos los días. Cada vez que hay un muerto en una muerte violenta con la intervención judicial, es preceptivo saber quién es el cadáver. Por mucho que el vecino o familiar te diga quién es o por mucho que tenga un carné de identidad en el bolsillo. Eso hay que verificarlo. 

 

MAR: Pero hay veces que es imposible tomar las huellas dactilares de un cadáver. 

 

FRANCISCO: Por ejemplo, si se trata un accidente de circulación donde ha habido un incendio del vehículo, pues quizás ya no sirvan las huellas dactilares, así que entonces vamos incorporando como otras técnicas. Ahí viene la odontología forense 

 

MAR: Miran los dientes para averiguar la identidad de los cuerpos.

Aunque las familias identifiquen los cadáveres, los odontólogos forenses examinan los dientes para confirmar cuáles son los restos exactos de cada uno de los fallecidos.

En Gran Bretaña siempre lo hacen así: miran los dientes, porque no hay un registro oficial de huellas dactilares.

Pero hay muertes terribles en las que ya no se pueden ver ni las huellas dactilares ni los dientes del cadáver.

 

FRANCISCO: Entonces entra la antropología forense que maneja criterios morfológicos sobre todo, ¿no? Estatura, sexo y edad. 

Es ahí donde entraría la antropología forense que mide todo lo medible. Por ejemplo, para establecer la estatura de una persona nos bastaría con hacer una inferencia de la longitud de los fémures. 

 

MAR: Miden el hueso del fémur y lo extrapolan con las medidas habituales de la población de su lugar de origen. Aunque esta técnica tampoco es infalible…

 

FRANCISCO: A veces la antropología por sí sola así hasta ese punto no resuelve los casos, sino que lo que hace es una cosa que es más habitual en el mundo forense. Es reducir el margen de incertidumbre y reducir el margen de incertidumbre en una investigación es reducir a cero el riesgo de equivocarte. 

 

MAR: Francisco Etxeberría ha dirigido la excavación de muchas fosas comunes de la Guerra Civil española.

 

FRANCISCO: España en los últimos años, pues hemos desarrollado una actividad muy importante en materia de memoria histórica que algunos no han entendido bien. Yo creo sinceramente que si hay gente enterrada clandestinamente en las cunetas, en estas carreteras o en el monte Ocesa, a algo hay que hacer. Por ejemplo, proteger el sitio, procurar que no se destruya, por respeto, ¿no? Por respeto a las víctimas y sus familiares, o rescatar los restos mediante las exhumaciones que hemos venido a hacer y que hasta el presente representan más de 800 fosas en toda España y cerca de diez mil esqueletos. 

Y así estamos analizando estos ejemplos que tienen interés para la historia y para conocer la verdad. Pero eso sí, en el discurso de los derechos humanos.

Que se juzguen los hechos, ya se verá. Igual es imposible, pero que se conozca la verdad, eso hay que intentarlo.

 

MAR: Los forenses ayudan a los historiadores a conocer el pasado porque aportan datos exactos. En sus investigaciones, los forenses descubren informaciones de este tipo:

 

FRANCISCO: En esta fosa hay tres personas, o trece personas, o treinta y tres personas. En estas dos hay tantos hombres y tantas mujeres que son cuando los identificamos son fulano, etcétera. Ese señor era carpintero. Este señor era rector de una universidad.

 

MAR: Además de estudiar fosas comunes, Francisco Exteberría ha investigado los restos de personajes históricos. 

 

FRANCISCO: Yo he tenido la oportunidad de estudiar, por ejemplo, los restos de Víctor Jara, el cantante, y analizar la causa de muerte. Que en su momento, el año 73, en Chile no fue posible. 

Bueno, pues ahora se analiza todo el asunto y, con todas las garantías y con toda la modernidad de la ciencia forense. Y así se hace un informe de tipo forense que antes no existía. Víctor Jara… Salvador Allende… 

 

MAR: Y también ha investigado los restos de Miguel de Cervantes, con un equipo de forenses de todo el mundo.

 

FRANCISCO: Nosotros intentamos una utopía que puede estar en los propios textos de Cervantes, no ofrecer presión en manos. Allanamos el Quijote, no La utopía de intentar localizarlo allá donde se sabe que fue enterrado, en el convento de las Madres Trinitarias, en el centro de Madrid.

 

MAR: Había quien decía que Cervantes se había perdido para siempre.

Pero los trabajos de los científicos forenses lo desmintieron.

 

FRANCISCO: Nosotros creo que demostramos que Cervantes no se ha quedado perdido. No se ha quedado perdido entre los escombros de las obras del edificio, como algún escritor importante señaló. No.

 

MAR: ¿Y qué hicieron?

 

FRANCISCO: Con un equipo multidisciplinar donde había entomólogos, que estudiaron pues la fauna, que son insectos, etcétera.; especialistas en textiles, en ropa…; especialistas en documentación, historiadores que están en archivo mirando los papeles; antropólogos que tomaban todas las medidas de todos los restos que encontramos ahí… había centenares de personas enterradas en ese lugar; odontólogos forenses, que se ocuparon de registrar cómo era la patología en la boca, pues en fin, de estas gentes de otro tiempo; ehh patólogos forenses que pudimos determinar algunas enfermedades que existían o lesiones, bioquímicos, en fin, he ahí el análisis de las tierras, de todo lo que es la rutina en el ámbito forense que se aplica a un hecho criminal actual, se podía trasladar a una cápsula, que era la cripta en el subsuelo de ese convento de las Madres Trinitarias. 

 

MAR: Y hay muchos más personajes de otras épocas que pueden contarnos cosas de su vida y de su tiempo, por los restos que aún se conservan de ellos.

 

FRANCISCO: Hace muy poco he podido estudiar un corazón de un rey de Navarra que tiene 500 años de antigüedad. Estaba en una ampolla relicario, en una iglesia concreta y que estaba momificado el corazón y que se sabe en la historia de cómo fue, cómo le hicieron autopsia y cómo repartieron partes de sus órganos a diferentes lugares donde se conserva también más tarde que hemos podido tomar unas muestras para hacer unos análisis genéticos e incluso de tipo bacteriológico. Bueno, en fin, así ocupamos el resto del tiempo libre que nos queda, más allá de lo que es la investigación forense de obligado cumplimiento ante las autoridades judiciales. 

 

BLOQUE ENTREVISTA FRANCISCO ETXEBERRÍA

☠☠☠

 

FINAL TEATRAL EL HOMBRE DEL SACO

 

MAR: En el crimen de Gádor no recurrieron a la antropología forense. 

No hizo falta, porque encontraron un cadáver fresco. Estaba recién asesinado. Y tampoco hubiera sido posible, porque la antropología forense aún no existía.

En el capítulo anterior conocimos a un asesino en serie al que llamaban el Sacamantecas, porque arrancaba las tripas de sus víctimas. Pero, como él mismo confesó, lo hacía para despistar. Para que pensaran que mataba para robar sangre y mantecas. Aunque la realidad era muy distinta: Juan Díaz de Garayo mataba para robar y por frenesí sexual.

 

SUSURROS: ¡Salido! ¡Guarro!

 

MAR: Los asesinos del crimen de Gádor, en cambio, sí eran verdaderos sacamantecas. Mataron a un niño para vender su sangre y su grasilla. Y lo metieron en un saco, como hacía ese personaje monstruoso de los cuentos, que se llevaba a los niños y desaparecían para siempre.

 

COROS: Niño, estate quieto… O te llevará el hombre del saco…

 

MAR: Aquel asesinato dejó al país con el cuerpo descompuesto. Aquella brutalidad era hija de la ignorancia y la superstición. 

 

SUSURROS: Putos magufos.

 

MAR: En aquel verano de 1910, en el periódico El País, publicaron un artículo, ¡un grito!, que decía con rabia y dolor:

 

PERIÓDICO: Aterra la lectura del crimen de un hermoso niño de siete años en Gádor. 

Un viejo camandulero, todo conchas, malicioso, doctor en gramática parda, despreciador burlón de los libros, de los maestros y de la ciencia, aconsejó a un tuberculoso que bebiera, para curarse, la sangre humeante de un niño, y se pusiera las mantecas del sacrificado sobre su innoble pecho.

En esos delincuentes hay un salto mortal hacia atrás. Espantoso. Gigantesco. Que da vértigo. Es un crimen perpetrado por atavismo.

La ignorancia conserva viva la superstición. El vulgo necio y ruin que se resiste a vacunarse, que apedrea a los médicos, que se burla de sus consejos, da crédito a los saludadores y a los curanderos. 

La escuela y el maestro son los únicos capaces de impedir estos movimientos atávicos. En Gádor se levantará el patíbulo. Pero lo que hay que construir es una escuela. Y esa escuela será la capilla expiatoria del crimen de lesa humanidad cometido allí por esos monstruos que se llaman ignorancia y superstición. 

 

FINAL TEATRAL EL HOMBRE DEL SACO

 

ANDREU: No falten la próxima semana a nuestra nueva función. 

Será la última de la temporada.

Y esta vez el asesino y el asesinado es el mismo hombre. 

Y es, nada más y nada menos, que el mismísimo Mariano José de Larra.

¡Suicidio por amor! Ay, las cosas del querer… ¡qué malas son!

¡Hasta la semana que viene!

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